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- Para Fundación Empresas Polar, la obra de Eduardo Faneite anima el compromiso de la institución de seguir apoyando a las comunidades a través de su gente, trabajando para brindar bienestar colectivo y fortaleciendo la identificación con lo nuestro.
El domingo 14 de junio de 2009, la Casa Alejo Zuloaga de Fundación Empresas Polar, en San Joaquín, estado Carabobo, abrió las puertas de la exposición Tambores de Eduardo Faneite: testimonio mítico de sus orígenes, para compartir creencias, vivencias y visiones.
Dicha muestra es fruto del talento creador de Eduardo Faneite, joven sanjoaquinero, quien, mediante un laborioso trabajo del saber y del hacer, presenta un conjunto de tambores elaborados con maderas de aguacate, mango, cedro, lano y yagrumo; tallados y adornados con diversos materiales, como expresión de una búsqueda personal y encuentro con sus ancestros africanos. La curadora Roselia Level, con el apoyo museográfico de Eduardo Chumaceiro, tuvo la responsabilidad de hacer realidad esta exhibición que hoy ofrece Fundación Empresas Polar.
Según Rafael Castro, director de la Casa Alejo Zuloaga, la habilidad creadora de este joven artesano no es ajena a los espacios de la Casa. En 1999, cuando tenía sólo 14 años de edad, tuvo la oportunidad de realizar su primera exposición en los pasillos de la Casa Alejo Zuloaga. “Pero en aquel momento, Eduardo elaborada juguetes con latas, los cuales tuvieron una excelente acogida por los visitantes”. Eduardo Faneite se ha dedicado a la tarea de reconstruir sus orígenes a través de la talla de diversos personajes representativos de su visión muy personal de los indígenas, españoles y africanos que convergieron en estas tierras.
En Tambores de Eduardo Faneite: testimonio mítico de sus orígenes se muestran tres grupos de tambores, cada uno con diseños y ritmos particulares que los distinguen de los otros. El primero es el de los aborígenes, de cadencia ceremoniosa, que representa a un chamán, una diosa de la lluvia, un inca, un animal centinela y artesanías; todos con elementos decorativos que dan cuenta de sus orígenes o sus funciones.
Otro grupo es el de los africanos, de sonido equilibrado, el cual se pasea por la representación de un esclavo que se ha fugado, un sembrador de almas, un negro libre, tambores religiosos y la representación de lo intangible dentro de lo mágico-religioso. En este grupo los elementos decorativos que acompañan cada pieza están cargados de significados de gran importancia para Faneite. El tercer grupo corresponde a los españoles y habla de misioneros, jesuitas, tambores de guerra y animales de caza como el jabalí, con ritmos mucho más impulsivos.
Para explicar el origen, cómo y porqué de los tambores, la exposición presenta varios textos rotulados en las paredes, entre ellos, un comentario del mismo artesano sobre la construcción de una de las piezas: “Yo tenía una madera que una señora iba a botar, era una madera que estaba vieja, viejísima, fea… Yo vi la madera y le dije a la señora que me la regalara sin decirle para qué la quería. Yo la agarré. Ahí mismo, cuando la agarro empiezo a abrirla por dentro, ese mismo día la abrí, después que terminé de abrir la madera empecé a darle machetazos y después, cuando terminé, lo nivelé y lo paré al revés, y el tambor tú lo paras al revés y simboliza una cara de un rey”.
San Joaquín, población asiento de industrias y de algunas actividades agrícolas, forma parte del eje oriental del estado Carabobo. En el pasado y durante muchos años sus pobladores tuvieron una fluida comunicación con las costas aragüeñas, a través de senderos que ascendían la serranía.
Esta vinculación con el mar de Aragua, habitado por una importante población de esclavos negros de las haciendas de cacao, fue propicia para una estrecha relación cultural que, entre otras cosas, aportó la expedición del África sonora que junto a las expresiones locales, fueron de gran significación en el fomento y desarrollo de las festividades de San Juan.
“Esas festividades, ese orgullo de ser y sentirse venezolano, son las que Fundación Empresas Polar a diario rescata en la Casa Alejo Zuloaga de San Joaquín”, comentó Alicia Pimentel, gerente general de Fundación Empresas Polar.
La Casa Alejo Zuloaga es un centro pluricultural abierto a la comunidad, destinado a la divulgación de la cultura local y nacional, donde vecinos y visitantes de todas las edades encuentran siempre alguna actividad programada.
Para Fundación Empresas Polar, la obra de Eduardo Faneite anima el compromiso de la institución de seguir apoyando a las comunidades a través de su gente, trabajando para brindar bienestar colectivo y fortaleciendo la identificación con lo nuestro.
Eduardo José Faneite Colina
Nació en el año 1983, en la población de San Joaquín, capital del municipio homónimo del estado Carabobo. Hizo sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Básica Rafael Pérez y en la Unidad Educativa Franciscana Cumbayá. En la actualidad, cursa estudios de Educación mención Desarrollo Cultural en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez.
Faneite desde muy joven manifestó su interés por la actividad cultural y particularmente por el hecho artesanal. Cuando contaba 14 años diseñó un conjunto de juguetes de lata, los cuales fueron expuestos en los espacios de la Casa Alejo Zuloaga.
Su interés por la cultura lo ha llevado a seguir cursos de teatro, danzas, percusión y talleres sobre tradiciones culturales venezolanas. Esta experiencia le ha permitido ser facilitador en diversas instituciones educativas y culturales.
Ha formado parte de algunas agrupaciones como Bordón Tramao y Trabuco de Venezuela, haciendo presentaciones en nuestro país y en el exterior.
En su búsqueda cultural, motivada además por sus estudios universitarios, le surgió la curiosidad de los orígenes, por ello la temática del tambor, lo afro y su incidencia en la cultura venezolana. Faneite inicia así, a través de su obra artesanal, un viaje al pasado con mucha fuerza en el presente. |
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